martes, 22 de marzo de 2011

situaciones complejas: el hijo rebelde


Hay niños que se muestran rebeldes desde épocas muy precoces de la vida. Son niños inconformistas que no aceptan las normas propias de la convivencia familiar, poco obedientes, y que también pueden tener problemas de adaptación en el colegio. No obstante, hay niños que demuestran su rebeldía solamente dentro de un ambiente, por lo que es posible que se adapten muy bien al colegio mientras que se muestran rebeldes en casa o viceversa.

Hay niños con un temperamento que les hace menos obedientes, ya que tienen más dificultad para aceptar la disciplina que se les exige por su forma de ser impulsiva, intolerante, exageradamente individualista, etc.; pero es durante la adolescencia cuando se exacerban más estas actitudes, ya que durante esta época de la vida es cuando se pueden desmoronar los valores y estructuras que se habían ido preformando durante la infancia, para dar lugar a unos intereses nuevos que también se idealizan, a la vez que sirven para sustituir a los anteriores. Durante ese proceso de cambio es frecuente que el adolescente culpe de todo a su familia y a la sociedad en general, haciendo especial hincapié en un deseo de renovar la sociedad bajo una concepción idealista del mundo. En otros casos, este idealismo no está presente, y solamente se manifiesta un gran desencanto, una amplia decepción que abarca la casi totalidad de los sectores de los intereses y las motivaciones, que conduce a la indiferencia ante todo lo que no prometa una cierta diversión. Se produce en este último caso una destrucción de los valores de la infancia que no es reemplazada por valores nuevos que conduzcan a intentar lograr nuevos objetivos, con lo que el problema es aún más grave.

En ambas situaciones se produce una ruptura más o menos grave con el mundo infantil, y con las personas que lo integraban, con lo que el adolescente se siente desligado desde el punto de vista afectivo y moral de sus padres, familiares y normas sociales. Surge entonces la posibilidad de que se inicie un proceso de automarginación mediante el cual se desvincula del ámbito familiar para integrarse en grupos de amigos de su edad similar con los que se siente más afín, ya que tienen sus mismos problemas y, por tanto, le comprenden mejor.

De este modo se pueden ir configurando grupos o «pandillas»  de adolescentes rebeldes, que se caracterizan por su desprecio de las normas sociales establecidas y, por tanto, que tienen una marcada tendencia a las conductas antisociales de grupo, entre las que destacan actualmente la delincuencia y la drogadicción. La agresividad puede desarrollarse contra cualquiera que no pertenezca al grupo, e incluso, dentro de sus mismos integrantes, si existe un motivo que lo justifique dentro de su especial e individual código moral. Al sentirse integrado dentro de uno de estos grupos, el adolescente cubre el vacío dejado por la pérdida que supone desde el punto de vista afectivo el abandono psicológico de la familia, con lo que se siente relativamente protegido y seguro. No obstante, el progresivo proceso de deterioro social hace muchas veces que la situación se vaya complicando hasta hacerse insostenible, ya que conductas de riesgo cada vez más peligrosas hacen que muchos de los miembros del grupo puedan terminar en la cárcel.

La rebeldía juvenil está favorecida en muchas ocasiones por la educación que el niño viene recibiendo durante su infancia. Un exagerado autoritarismo e inflexibilidad de los padres es tan perjudicial como una exagerada protección. En ambos casos se puede estar favoreciendo la posterior rebeldía del hijo.

Las contradicciones que los niños observan a veces en sus padres, que no hacen lo que a ellos les recomiendan (al fin y al cabo los niños aprenden fundamentalmente de lo que observan y no de los consejos que se les da) pueden tener una influencia decisiva, así como las vivencias de agresividad, violencia o abandono vividas traumáticamente durante la infancia. Aunque no existe un patrón común definitorio del niño rebelde, en un gran número de casos estos adolescentes tienen una personalidad psicopática, especialmente cuando la actitud rebelde no se manifiesta durante un cierto período de tiempo, sino que se configura como un patrón de comportamiento de cierta solidez y duración. (Javier de las Heras).

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