jueves, 24 de marzo de 2011

Los jueves con Edu y Marta: INTRODUCCIÓN I





 
¡Son tantos los rostros que vienen a la mente! Nunca me olvidaré de Marcelo, un verdadero “cara dura”, que decidió ducharse con agua fría durante un mes para que se le pasaran las ganas de “pasarse” con su novia… Y no olvido cuando Jordi me dijo, con pena, todo lo contrario. Fue estupendo cuando Juancho (que se peleaba a “tortazo limpio” con el primero que le mirara en plan chulo) decidió ir cada viernes al mercado central para recoger y llevar toda la verdura y fruta sobrante a las hermanas de la Caridad; y pasaba por una panificadora ya bien tarde, para repartir las sobras en varios lugares (y venía a traerme algo con verdadero cariño…). Y cómo olvidar a Marta que a sus catorce años me contó que se había “enamorado” de un sacerdote por lo seguro que siempre se mostraba.

        Pero, también cuando llegué a la católica México me encontré con el caso de Verónica: “No me atosigue, padrecito. Tengo novio y muchas amigas, coche y mucha ropa, y me va súper en los estudios. Mis papás son muy buena honda; creo que no necesito tanto a Diosito”. Familia católica “básica” la de Verónica, que se da cuenta tarde de que no bastan costumbres y prácticas descafeinadas. Hablar del amor de Dios, y de la responsabilidad de “pagar con amor” al amor ¿es atosigar? Muy mal lo debí hacer con Verónica.

       Jorge tenía 12 años y me decía, con lágrimas en los ojos, que veía a su padre “desesperado”. Jorge, un muchacho de gran liderazgo entre sus amigos, ya tenía miedo de vivir un futuro lleno de desesperación. Cuántos padres se equivocan pensando que su hijo de once o doce años todavía debe ser tratado como un niño, que no se entera... Y llegan también tarde. ¿Qué pasa con la capacitación básica para padres y educadores? ¿Qué pasa con la familia y la escuela de hoy? ¿Qué pasa con las expectativas modernas o post-modernas que los adultos tienen de la juventud?

       Y vi un día a Jimmy, en un campo de verano en EEUU, rezando en la capilla mientras sus amigos jugaban basket, “porque mamá lo necesitaba”. Susan no sabía que su hijo pequeño hacía todos los días algún sacrificio por ella, por la actitud tan rara que mostraba en casa desde hacía algunos meses. Increíble la falta de percepción de lo que los chicos, tal vez por culpa nuestra, están viviendo en su interior. ¿Qué pasa con la comunicación?         

       Pareciera que con estos ejemplos últimos queremos dejar una visión no muy alentadora de la adolescencia  y de tantos padres… Y como queriendo avisar a los padres con niños pequeños: “¡Cuidado! Que en unos años…”. ¡Para nada! Podría seguir escribiendo multitud de casos maravillosos de adolescentes maravillosos (muchos más que los negativos). Y hablar de multitud de padres que han llevado con acierto increíble la adolescencia de sus hijos.

       Lo que sí pretendemos es reclamar la atención necesaria. Porque la adolescencia es básica para la vida de los hombres. Porque todos hemos pasado por ella. Porque hay una visión falsa de ella, que lleva a afrontarla erróneamente en muchísimas ocasiones. Porque la adolescencia es maravillosa y hay que aprender a verla en toda su maravilla… Que no quita que sea compleja y trabajosa.

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