sábado, 26 de marzo de 2011

cuentos que sí cuentan: LA HIPOCRESÍA, LAS MÁSCARAS DE LA VIDA

5º eslabón. Otra historia real sobre el peor enemigo de la verdad.    


El sacerdote contaba a sus alumnos lo triste de la hipocresía. Era vivir dividido, llevando diversas máscaras a conveniencia de las circunstancias. Con unos, los hipócritas, se ponen una máscara de apariencia, con otros, otra. A Gabriel esto le rebotaba. A él le gustaba aparentar, engañar, quedar bien con todos a toda costa, aunque tuviera que mentir a sus padres o a sus mejores amigos. Lo importante era su imagen y la apariencia. El sacerdote lo sabía porque, a pesar de las diversas máscaras, lograba penetrar, en cada una de ellas, en el interior del alma de Gabriel. Quiso ayudarle, advertirle, aconsejarle; pero todo fue inútil. Gabriel seguía con sus juegos; tenía éxito, todo le salía como él quería. Muchos le aplaudían sus hazañas y sus gracias.

Un día sucedió lo que no tenía que haber sucedido. Gabriel cogió el coche de su padre sin permiso y se llevó a los amigos a una diversión por todo lo alto. Se sentía omnipotente, derrochador, el líder: con un magnífico coche “robado”, con abundantes copas “mágicas” y unos simpáticos amigos “comprados”. Pero fueron demasiadas las copas y, en la noche, el accidente fue mortal para dos de ellos. Otro, quedó parapléjico (un vegetal) para toda su vida.

El sacerdote fue al día siguiente, un sábado frío de invierno, a la capilla ardiente donde los familiares de Gabriel, como drogados, velaban junto a su negro ataúd. Fue terrible la impresión que el sacerdote se llevó al ver, en el ataúd abierto, el rostro de Gabriel. Su rostro brillaba, era artificial. El golpe había destrozado la cara de Gabriel y se la tuvieron que recomponer con cera. Era horrible lo que se veía: parecía que tenía una máscara, como las que se usan en carnaval. Gabriel había vivido con muchas máscaras y, ahora, moría... con una de ellas, con la más dramática. Nunca nadie conoció el auténtico rostro de Gabriel, solamente un buen hombre que intentó ayudarle en vano.
¿Dónde vamos con máscaras por la vida? ¿A quién engañamos? Querer engañar a Dios o a otras personas es engañarse a sí mismo... y fracasar en el intento. Porque la verdad, antes o después, sale a la luz. Cada mentira es un ladrillo con el que construimos nuestra propia cárcel. Cada máscara que nos ponemos es un golpe duro contra nuestra personalidad, contra la salud de nuestra propia psicología. Y contra la grandeza de nuestro espíritu. ¡Qué grande es ser auténtico y sincero a pesar de nuestras debilidades!

6 comentarios:

  1. Paz y bien.
    Lei con atención éste relato y me cimbró. Lo que usted llama hipocrecía puede ser simplemente la necesidad de afecto de un adolescente.
    Creo que el sacerdote si hubiera querido realmente ayudarlo, hubiera podido contactar con sus padres.

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  2. Jose G. SEntandreu5 de octubre de 2011, 22:49

    Quién dice que no los contactó. Pero cuando ya se tiene 16 años... Y el problema seguramente eran unos padres que no le dieron la oportunidad de ser franco y abierto... Por otro lado, he conocido cientos de adolescentes con problemones, errores graves, necesidades fuertes de afecto, pero nada de eso tiene que ver con una personalidad ya doble... Me ha tocado llevar a jóvenes al psiquiatra, esquizofrénicos, de tanto mentir y de creerse sus mentiras. Acaba siendo una enfermendad si no se corta a tiempo.

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  3. ¿Cual era el auténtico rostro de Gabriel?

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  4. ...esta es hipocresía: Jaén, Huelma, España. El párroco de la localidad jiennense (Jaén) de Huelma (municipio de la provincia de Jaén, Andalucía) ha negado la participación, como padrino de bautismo de una niña, a un homosexual casado, aduciendo que la situación se sitúa “fuera de las normas de la Iglesia”. A la claras está que las normas son para los homosexuales que no son sacerdotes. Pero si lo son, pueden ser homosexuales y pederastas y no pasa nada. Incluso gozan de toda la cobertura obispal.

    El cura asegura que “no ha negado el bautizo a nadie”. Por supuesto, excepto al bebé en cuestión. Pues, evitó que el testigo pudiera apadrinar el bautismo. ¿Y eso qué es? En buen término, impedir el bautismo. Estos frailes comen de la paila del abuso y niegan el bocado al abusado. El cura consultó si el testigo era persona bautizada y confirmada, a la respuesta afirmativa, quedó satisfecho. Pero cuando preguntó si era casado, al decirle que sí pero con una persona de su mismo sexo, explotó la hipocresía.

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    1. Te invito a que investigues las características que deben tener los padrinos del bautismo en el Código de Derecho Canónigo actual. sencillamente tú no puedes cambiar los valores y principios a conveniencia. reflexiona lo que significan las palabras de Jesús en el Evangelio: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. ¿Te imaginas que cualquier valor o principio pudiera se cambiado de acuerdo a mis intereses, gusto o conveniencia? es lo que hoy llamamos relativismo ateo. Bendiciones.

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    2. es de muy baja educación y cultura; descalificar a una persona por el simple hecho de buscar satisfacer nuestros intereses personales a toda costa. El sacerdote no aceptó al homosexual, no por él, sino por las disposiciones y orientaciones que guían nuestra vida cristiana. Porque el padrino de bautismo es un fiel de la Iglesia Católica, que habla, entiende y vive la propuesta cristiana tal y como Cristo nos lo ha revelado. Cualquier fiel de la Iglesia Católica se hace candidato a padrino de bautismo si vive como Cristo le pide que viva; no como el candidato cree que sea mejor o interprete la vida cristiana a su manera. Si el homosexual es un cristiano practicante, va a misa, comulga, lucha por seguir a Cristo, se esfuerza por cumplir la voluntad del Padre y su vida tiene como centro a Cristo Jesús realmente; no hay problema para que pueda acompañar en la fe a otra persona. porque él ya vive primero. En el momento en que el homosexual accede a casarse con otro hombre, simplemente está haciendo a un lado a Cristo. No te fijes en la calidad humana del sacerdote, fíjate en lo que nos pide Jesús para seguirlo y alcanzar la vida eterna. NO EXPLOTÓ LA HIPOCRESÍA...LO QUE EXPLOTÓ EN TÍ, FUE TU IGNORANCIA CULPABLE. Pero se puede remediar si clarificas y actualizas tu preparación cristiana. Te animo a que lo hagas.

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